Arquitectura de evaluación a nivel de programa que combina momentos asegurados, donde se verifica en persona el logro individual sin IA, como defensas, coloquios, prácticas y avances presentados presencialmente, con trabajo abierto en el que la IA participa de manera declarada y el recorrido queda a la vista. La distribución se decide entre quienes conocen el programa, no desde una regla general, y responde a cuatro preguntas: qué capacidad promete la titulación que ninguna herramienta debería sustituir, en qué momento tiene sentido verificarla, qué formato la muestra con menos artificio y qué queda en trabajo abierto y cómo se hará visible.
Tratar la integridad como todo o nada puede empujar hacia el examen presencial todo lo que importa. Convertirlo todo en examen presencial tampoco resuelve el problema: limita las formas de evidencia y deja fuera la formación para contextos donde la IA está disponible. Los momentos breves sin IA reciben el nombre de Puntos de seguridad.
