Cuando una clase depende de una plataforma, una simulación, un documento compartido o una herramienta de comunicación, hablamos de aprendizaje digital si ese recurso interviene de manera significativa en lo que el grupo hace para aprender. Puede ocurrir en un curso presencial, híbrido o en línea. La tecnología puede servir para acceder a materiales, colaborar, practicar, recibir comentarios o revisar avances.
Subir un PDF a una plataforma puede formar parte de una actividad, pero el archivo por sí solo no explica qué hará el grupo. Por ejemplo, una actividad digital puede pedir que dos estudiantes comparen sus anotaciones sobre un texto, revisen una afirmación con las fuentes disponibles y dejen una versión corregida. Lo importante es la acción que la tecnología permite o facilita, no que todo sea interactivo, automático o personalizado. La expresión tampoco significa que una herramienta mejore el aprendizaje por sí misma: hay que revisar acceso, privacidad, carga de trabajo y relación con lo que se espera aprender.
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Para contrastar: Digital learning, UNESCO
